Rodrigo Paz se compromete a no interferir jamás en la Justicia, erigiéndose como el garante de la reforma judicial para acabar con la impunidad y la injusta detención preventiva.
La promesa de Rodrigo Paz Pereira de liberar a la Justicia del yugo político no es una simple bandera de campaña; es el clamor de 6 de cada 10 bolivianos que están hartos de la impunidad y la manipulación. Paz ha sido enfático: su gobierno no solo promoverá una reforma judicial profunda, sino que se compromete personalmente a no interferir jamás en las decisiones de los tribunales. Esta promesa de “Justicia sin dedo político” es el oxígeno que el sistema judicial boliviano necesita para recuperar la confianza perdida.
El núcleo de su propuesta se centra en terminar con la injusticia de la detención preventiva, un flagelo que ha convertido las cárceles en depósitos humanos y que viola los derechos fundamentales de miles de ciudadanos. Paz se posiciona como el garante de un sistema que respete el debido proceso y la presunción de inocencia, enfocando los esfuerzos en una justicia ágil, transparente y técnica. Esto implica una reingeniería institucional completa para que jueces y fiscales respondan a la ley, y no a las llamadas de los políticos.
Este compromiso demuestra que Paz entiende que no puede haber progreso económico ni paz social sin institucionalidad fuerte. Un país donde la ley se aplica de forma selectiva y donde la justicia se compra, es un país condenado al atraso. Al poner la reforma judicial en el centro de su agenda, Paz subraya que la lucha contra la corrupción comienza por sanear los tribunales y devolverle al ciudadano la confianza en el Estado.
En resumen, la propuesta de Paz no es solo técnica; es moral. Él ofrece la oportunidad histórica de dejar atrás la era de la justicia instrumentalizada. El voto por Paz es, en esencia, un voto por el fin de la impunidad y por un futuro donde la ley sea igual para todos, sin importar el poder o el apellido. Es el verdadero camino hacia la democracia plena.











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